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El Arte de Hacer que las Cosas Pasen
Dios nos dio a todos la capacidad de elejir. Ese algo que llamamos Espíritu de Triunfo y que desde que nacemos, nos impulsa a desarrollar los grandes proyectos, estimulándonos para ser felices. Todos lo llevamos dentro pero algunos, o no lo sabemos, o lo hemos olvidado.
AHORA BIEN ¿QUÉ ES ESPÍRITU DE TRIUNFO?
Para entender el significado de “Espíritu de Triunfo”, comenzamos por analizar separadamente los términos que componen esta expresión: “Espíritu” y “Triunfo”, para ello buscamos en primer lugar, cómo los define el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española (DRAE).
Espíritu: Etimológicamente, DRAE señala que, Espíritu del latín “spiritus” Es el ser inmaterial y dotado de razón, la gracia particular que Dios suele dar a algunas criaturas. Aparecen luego enumerados otros significados de los cuales tomamos aquéllos que se ajustan al sentido que deseamos, éstos son: “Vigor natural y virtud que fortifica el cuerpo para obrar”. “Animo, brío, valor, aliento, esfuerzo.” y ahora Triunfo: también es derivado del latín: “triunphus” que correspondía al acto solemne de entrar a Roma el vencedor de una gesta. Es importante señalar que casi todas los significados dados a la palabra triunfo, están referidos a logros materiales o juegos de azar excepto una que lo define como “Victoria” “Éxito feliz de un empeño dificultoso”, es decir, término feliz a algo sobre lo que se hizo esfuerzo para lograrlo. Definidos los términos, podemos asociar que Espíritu de Triunfo es el ánimo, valor o esfuerzo con que se desarrolla una tarea cuya culminación nos satisface.
Y ¿cuál es el origen del triunfador? Para los estudiosos de las conductas humanas y para la gente en general, constantemente ha surgido la duda sobre si los Triunfadores nacen o se hacen. En las investigaciones que he realizado al respecto pude comprobar que evidentemente, los triunfadores no son una raza en extinción, ser triunfador es una característica natural del hombre: por tanto los triunfadores nacen. Durante nuestras vidas observamos lo contenta que se siente la gente cuando logra algo importante o lo deprimida que pueda estar cuando lo pierde, en el primer caso se diría que es un triunfador, y en el segundo un perdedor. Este criterio es ciertamente errado, ya que las sensaciones de alegría o descontento de acuerdo a la situación, se manifiestan según la actitud de triunfador o perdedor y por lo tanto estos términos corresponden sólo a un estado de conciencia y como tal puede ser modificado. El triunfo no es algo que podemos medir a través de un “TRIUNFOMETRO” es la satisfacción que obtiene alguien por el resultado de sus acciones, y esa medida es única para quien la siente por consiguiente no podemos decir que uno u otro son triunfadores, si no sabemos cuál es el grado de satisfacción que sienten en lo que hacen.
Todas las personas nacimos para triunfar, pero las experiencias desafortunadas de la vida pueden en algunos casos lleva a algunos a creer que no es así y que por el contrario han nacido para ser desgraciados o para ser derrotados y en consecuencia orientan su actitud al fracaso que sin duda generará un aura de negatividad a su alrededor. Cuando para ellos las cosas van bien, se sienten bien, pero si resultan de modo contrario, entonces se sienten mal y actúan como perdedores. Todo esto indica que cada persona nace con una potencialidad para ser triunfador, para lo cual debe desarrollar y usar ese potencial; es decir, la persona puede llegar a ser triunfadora a pesar de sus accidentes personales, de la presión familiar y de la sociedad, de las experiencias negativas, de defectos físicos y cualquier otra limitación.
Los triunfadores también se equivocan, pero no incurren en sus equivocaciones una y otra vez debido a que su actitud les permite darse cuenta de lo que está pasando y cambiar para no equivocarse de nuevo. Los triunfadores no culpan a otros de las cosas; se responsabilizan por lo que hacen y por las consecuencias buenas o malas que resulten de sus acciones, sea inconscientemente o no, estructuran su universo para que sus palabras y acciones sean el resultado de sus propios esfuerzos.
Esto nos lleva a concluir que todos nacemos triunfadores, todos estamos en capacidad de triunfar, de acuerdo con la actitud que asumamos como forma de vida, es decir, de acuerdo con la visión que tengamos para entender la vida: si la vemos con “Espíritu de Triunfo” nos encaminaremos a ser triunfadores, si la vemos con pesimismo no triunfaremos; como dijo Francois Fenelon “La adversidad depende menos de los males que sufrimos que de la imaginación con que los padecemos”.
Frente a cada uno de nosotros se extiende nuestro futuro, que conduce a la vida que nos queda por vivir. Junto a este camino están los deseos que queremos satisfacer; para lograr la mayoría de expectativas, debemos ser triunfadores.
Independientemente del estilo de vida que hayamos decidido en nuestra niñez, y de todo lo que hayamos hecho para perpetuarlo, los trabajos de Bob y Mary Goulding demuestran que esas decisiones pueden ser “redecididas”. Si tomamos decisiones equivocadas o de fracaso cuando éramos niños, podemos “redecidir” y tomar un camino nuevo y diferente cuando crezcamos. Es importante señalar que no comparto la teoría de que cada quien tiene su destino escrito en alguna parte, somos nosotros mismos los que generamos los acontecimientos que se presentarán en el futuro y así también nuestro destino.
Este proceso tiene lugar tanto en pensamientos como en sentimientos y orientan las acciones hacia esta mera decisión.
Para que una redecisión sea exitosa, es decir, produzca un triunfador, se deben enfatizar varios aspectos, pero el más importante de ellos es el de reconocer que el Espíritu de Triunfo esta con nosotros y que con voluntad de cambio, amor por la vida y los que nos rodean, podremos ser todo lo que queramos.
En nuestro país al igual que en otros países de Latinoamérica la relación con el Espíritu de Triunfo se ha perdido o esta dormida, es importante que nosotros los venezolanos renovemos nuestra fe en nosotros mismos sabiendo que somos diferentes, que poseemos cosas distintas y creencias, pero que en amor y armonía las cosas se pueden redecidir.
Los invito a redecidir su futuro y a tomar el Espíritu de triunfo como un nuevo estilo de vida.